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Abril, 25, 2006
Troveando en Huancayo
por: Daniel Ochoa
 
 
Pensé que seria muy difícil escribir en pocas líneas mi breve estadía en Ciudad Incontrastable. Grave error. No es difícil: es imposible.

A falta de un buen calientito que anime esta húmeda noche limeña, un modesto café pasado servirá de pretexto para entibiar el recuerdo. El caso es que, con una breve maleta y una guitarra por todo equipaje, llegué a Huancayo sintiéndome un tanto extraño, sin más bienvenida que una dirección en los bolsillos. Un rápido mate de coca para no ser tan ajeno, ni sentirme tan perdido en otra ciudad. Pocos minutos después, don Lucho Hurtado se encargaría de quitarme a carcajada limpia todo lo forastero que me quedaba, haciéndome sentir en casa. Esto empezaba bien.


“La Cabaña” era hace años un pequeño refugio solo para conocedores, con unas pocas mesas y mucho esmero al paladar. Hoy es uno de los más acogedores restaurantes cinco tenedores de la ciudad, donde he tenido el placer de subir al escenario mientras Lucho recordaba a varios amigos que también pasaron por allí. Y bueno, a tocar se ha dicho, que esto apenas se inicia. Fue difícil, el viaje había causado estragos en la voz y en un momento consideré bajar del escenario antes de emitir el gallo numero cinco; felizmente un calientito me rescató del trance con tal eficacia que decidí practicar la liba antes-durante-después de cada presentación.
La Cabaña

No hará falta narrar como terminaba la noche. Pero si hará falta darse una vuelta por “El Espigón” para continuar este periplo junto al entrañable Pío Altamirano, dueño y anfitrión de este local trovero, que sin mayores presentaciones ni previa cita me abrió sus puertas de par en par hasta las ultimas consecuencias. Pío y sus secuaces animaron la noche con un amplio repertorio latinoamericano donde no faltó nadie, pero cantaron todos. Calientitos van y calientitos vienen, pero alto ahí, que aun nos quedan fuerzas para bajar a la Plaza Constitución y enrumbar al “Imaginarte”, el ya clásico pub de Miguel, Fernando y compañía; una interesante y completa propuesta cultural solo para conocedores, lo mejor de lo mejor en un solo lugar: performances, teatro, galería de arte, música en vivo (de todo) y por supuesto... más calientitos !!
 
 

Pïo Altamirano y sus complices en "El Espigón"

Con tres presentaciones al hilo y muchos más tragos encima, llevé lo que quedaba de mi a “La Casa de la Abuela”, lugar asombrosamente bello en donde me hospedaron, para poder descansar mis muy zarandeados huesos.

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Con Miguel, en el "Imaginarte"

Es increíble la vida que se desarrolla pleno mercado, y aun más increíble que el haber cometido la torpeza de olvidar la obligatoria cámara para el primer paseo matutino. ¿Jugo de frutas caballero? Perfecto!!. Luego vendría el pan con queso de “bien de adentro” y el cafecito recién pasado.


Por la tarde en Torre-Torre, mastiqué un ingles realmente vergonzoso junto a unos gringos australianos que masticaban el español peor aun. Torre-Torre es una formación geológica arcillosa de lo más interesante, ideal para alucines new-age, fumatélicos irremediables y chamanes del escorbuto. Luego, terminar el día en la Plaza de la Identidad bebiendo chicha de jora (buenazo) con los gringos ya turulatos al descubrir que la chicha no solamente era morada. Esto hizo mucha gracia a los chef de “La Cabaña”, que a la sazón ya habíamos echado amistad, y tanto así que más tarde y por cortesía de Lucho, me castigaron con una señora trucha en salsa de champiñones que estaba como para lamer el plato.


Mientras tanto, eran otros mis personales paisajes interiores. Procuré estar solo la mayor parte del tiempo, y aferrarme al silencio tratando de madurar los minutos, haciéndome miles de preguntas y dejándome extraviar en ese cielo bermellón de las seis, a ver si la inmensidad me concedía algo de su lejana trascendencia; y a ver si me dejaba trascender a algo más que mis propias cuatro paredes sempiternas rebosantes de esta gigantesca ausencia, la de los pies más pequeños que nunca dieron el primer paso. Así fueron pasando los días y noches en intervalos claroscuros y cíclicos, volviendo a armonizar el caos con el orbe que lava sus sienes cada mañana.

Torre Torre

 

Realmente me costó despedirme de cada momento aleccionador que no contaré aquí; y sobre todo de cada persona que de alguna forma me hizo volver a casa estando tan lejos. No hay forma de compensar la hospitalidad de Lucho Hurtado desde esa trinchera del sosiego que se llama “La Casa de la Abuela” donde me faltó boca para seguir sonriendo, un deporte que casi había olvidado. A mis amigos de La Cabaña por esos calientitos que me devolvieron la voz y a los cocineros por esa tocada clandestina y particular en el pasillo, y por esa magnífica trucha en salsa de champiñones que tardaré años en olvidar. A Miguel, Fernando y los demás amigos de “Imaginarte” por una de las mejores tocadas que tuve durante mi viaje, en uno de los mejores locales que he conocido, donde la gente sabe escuchar, algo muy raro en estos tiempos. A Pío Altamirano, a Adolfo, a Germán “Roco” Flores y todos sus cómplices del ese mágico espacio llamado “El Espigón” a donde entré como forastero y salí como hermano, con la firme promesa de volver alguna vez. Mención especial para Fabiola Bernardo y Enrique Ortiz, quienes prácticamente me resolvieron el viaje a base de direcciones y teléfonos donde encontrar buenos amigos para este extraviado recién subido.

 
Un desayuno en la "Casa de la Abuela", con el siempre sonriente Lucho Hurtado

HUANCADATOS:

Para el que crea que solo en Lima se puede escuchar buena música en vivo, aquí les pasamos estos datos de taquito. Esperamos que puedan ser útiles tanto a los viajeros casuales como a los compañeros trovadores. No dejes de visitarlos.

 

Av. Giraldez 652 - Huancayo
Teléfono: 22-3303

Jr.Libertad 246 - Huancayo
Teléfonos: 20-1640 - 9304629

Jr. Ancash 260 - Huancayo
Ia 1/2 cuadra de la Catedral